Revista Internacional de Poesía "Poesía de Rosario" Nº 18
Reloj  
  Tapa
  EDITORIAL
  AUSPICIANTES
  POESÍA ARGENTINA
  Hugo Diz
  Alejandro Felix Raimundo
  Félix Leonardo Rodríguez
  Carlos Carbone
  Liliana Céliz
  Daniela Miño
  Eduardo Dalter
  Sergio Gioacchini
  Elena Boledi
  Gustavo Romero Borri
  Emilce Strucchi
  Yamila Greco
  Marcos Silver
  Juan Coronel Maldonado
  ANTICIPO EDITORIAL
  Permanencia - César Bisso
  HOMENAJE - ROBERTO SANTORO
  BIBLIOTECA POPULAR "POESÍA DE ROSARIO"
  BIBLIOGRÁFICAS
  El vuelo de la abeja - Jorge Isaías
  Intervalo lúcido - Lisandro González
  Lo albergado - María Paula Alzugaray
  Mientras tanto - Claudio Suárez
  Libro de Egipto - Leopoldo "Teuco" Castilla
  Zona de otros días - Hugo Francisco Rivella
  Deconstrucción de la mañana - Juano Villafañe
  Antología Argentina - Venezuela
  Memoria rota - Elena Boledi
  ENSAYOS
  Breve defensa de la poesía
  POESÍA BILINGÜE
  Remisson Aniceto
  Gabriel Impaglione
  POESÍA INTENACIONAL
  Miguel Ramón Utrera
  Josep Piella Vila
  Cesc Fortuny i Fabré
  Jorge Luis Gutiérrez
  Ulises Varsovia
  Contacto
  Noticias
  Comunicación con el EDITOR
  ENLACES RECOMENDADOS
  EDICIONES ANTERIORES
Daniela Miño


Olvidado
 
Yo pude ver tus ojos:
se llamaban junio,
las láminas de la friolera,
una pupila generada por el amor.
 
Yo pude ser tus sueños
de cielorrasos estrellados,
caminando deshojado
Iba tu corazón por la vereda triste.
 
Usurpé tu guarida,
la cueva se hizo cúpula,
la silla hamaca tembló de lluvia,
mientras las baldosas esquivaban el ocaso.
 
Cría el alma, para darle cabida,
en tus manos se agolpaban los jazmines
sin ellas las palomas aletean,
un vínculo de migas asevera el letargo.
 
Cuenta la vuelta que fuimos uno,
de brujas nocturnas que paseaban en el altillo,
la puerta herrumbrada chirrió mi presencia
y el silencio se pobló de filosofía.
 
Cada uno de tus perros se acomodó en mi regazo,
el limonero guardián se reflejó en tu mirada,
el vaivén nervioso de los ruleros del tiempo
descompuso el nido que sembramos en la calle.
 
Dicen los astros que la luna se unió al hechizo,
porque sí se desarmaron las costuras,
el amor cosido al miedo,
las palmas de la cosecha,
el vino rojo del amanecer embriagado.
 
Había una vez un destino,
agolpado en el pulido estante de la repisa,
cuatro discordias despilfarraron las runas
aguamarina de la piel que se ha perdido
y los martillos acompasando el olvido.
 
 
 
 
 
 
Libre albedrío
 
 
Acéfalo corazón
a veinte pulgadas del suelo.
 
Charla, debate, escepticismo:
la certeza a vuelo de pluma,
una puñalada los talones de tus pasos,
insostenible mueca de comisuras caídas.
 
Inventariando la reseña:
 
Cláusulas manchadas de angustia,
una baraja de naipes,
la ironía de esperar tu contrapunto,
la quietud de una lágrima nocturna.
 
A diferencia del célebre Dios
no entendés mis arrebatos desobedientes,
la teoría del libre pecado,
lo innato de algunas manías
y lo adquirido que ha sido el amor.
 
Entre tantas insulsas neuronas
y el síndrome pueril de la melancolía
el tiempo se esfuma en las llagas
-menos mal no alcanzás a verme el alma-
 
Yo te esperaba, casi muerta,
mirando desde la conjuntiva de tus ojos:
es muy fácil adorar la pulcritud
mientras mi destino necesita un andamiaje.
 
Hasta aquí, sólo queda tu amenaza:
que es más fácil olvidarme que tenerme,
el grito estrepitoso de los que se adjudican la victoria
y tu manito temblando,
entre los casilleros de mi juego.
 
 
 
Rosario, 1978. Su obra es inédita. Ha publicado en revistas y lecturas del género.
 
 
 
 
 
Reloj  
   
Publicidad  
   
Contador  
  Free counter and web stats  
Hoy habia 1 visitantes (41 clics a subpáginas) ¡Aqui en esta página!
=> ¿Desea una página web gratis? Pues, haz clic aquí! <=